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Todos los salmantinos debemos interiorizar que vivimos en una ciudad universitaria, y que esto es además un motivo de alegría. Albergamos a más de 30.000 universitarios cada año; estudiantes que generan unos ingresos en la ciudad especialmente en el mercado del alquiler de vivienda y en la hostelería; por no hablar de la vitalidad que transmite tal cantidad de gente joven por nuestras calles.
Todo ello es una razón más que suficiente para soportar ciertas externalidades negativas que conlleva albergar a tanta gente joven. No hay que poner el grito en el cielo cuando vemos universitarios tomando unas cañas por las calles de Van Dick, cuando una procesión de disfraces recorre la Plaza Mayor, o cuando las novatadas toman la ciudad en el inicio de curso. Esto también es universidad y forma parte del presente y pasado de Salamanca.
Es verdad que todo tiene unos límites, y deben conciliarse las celebraciones con la tranquilidad de los vecinos y la limpieza de la ciudad, pero que nadie se asuste si jóvenes de 18 a 23 años tienen ganas de divertirse, siempre que se haga con control. Las fiestas patronales siempre han existido, y el componente de tradición en centros como Derecho y Medicina es notable, con actividades mucho más allá que el mero consumo de alcohol.
Desde el comienzo las quejas vecinales lo único que han conseguido ha sido trasladar el problema de sitio. Al principio el lugar de los festejos era Salas Bajas, que se convertía en un botellonódromo insalubre, y se decidió el traslado a la Sindical, para mi gusto el más indicado de los lugares. Más tarde las quejas hicieron trasladar a los universitarios al Pabellón Multiusos, opción descartada más tarde por el elevado coste económico (razonable). También es cierto que algunos energúmenos protagonizaron incidentes bastante lamentables, que hicieron que justos pagáramos por pecadores.
El panorama actual es light, en comparación con lo que era antaño, pero las fiestas siguen existiendo, claro. Personalmente aplaudo que la Universidad disponga un presupuesto para organizar actividades que no conlleven consumo de alcohol, y desde la institución sugieren además la zona de Van Dick para que los estudiantes se tomen sus consumiciones. Por la tarde el jaleo suele recorrer los bares de la zona de la Gran Vía, espacio más acostumbrado al ambiente nocturno.
Ahora parece que vuelve el debate sobre la conveniencia y ubicación de este tipo de celebraciones. En este debate no podemos olvidar nuestro carácter universitario, igual que no podemos olvidar que nosotros también hemos tenido 20 años. Hay que buscar la moderación y minimizar las molestias de estas actividades, pero igual que estamos encantados con la repercusión mediática de la Nochevieja Universitaria, tenemos que respetar la tradición y el derecho a divertirse de miles de universitarios que llenan nuestra ciudad de vitalidad año tras año... gracias a ellos también somos lo que somos.
"Gaudeamus igitur,
iuvenes dum sumus".
(Alegrémonos pues,
mientras seamos jóvenes).
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