La verdad es que una gran confusión ha rodeado este asunto desde los primeros rumores, y ni siquiera profesionales del sector del transporte se aclaraban con la fórmula de pago o la entrada en vigor definitiva del peaje.
Es una mala noticia para el comercio y para el turismo, en una época donde no nos sobran oportunidades. Las relaciones entre Salamanca y el país vecino siempre han sido fructíferas en lo económico, y hasta que tengamos otros medios, el principal transporte se produce por carretera. Si Portugal decide cobrar peaje en la autovía que nos une, va a ser un lastre para los empresarios que venden sus productos en el país vecino. Ahora les resultará más caro llevarlos hasta allí, lo que puede repercutir en el precio final del producto y hacerlo menos atractivo en el mercado luso.
Lo mismo puede ocurrir con el turismo. Gran cantidad de portugueses visitan cada año la capital salmantina, por no hablar de los que acuden a Fuentes de Oñoro porque la gasolina u otros productos les resultan más baratos. Si los gastos de visitar nuestra provincia se incrementan por el peaje, Portugal estará animando a los suyos a quedarse en casa y no emprender la visita a tierras charras.
Además hay que recordar que Aveiro es la playa más cercana a Salamanca en distancia, lo que anima a muchos salmantinos a ir a pasar un fin de semana. Ahora por culpa del peaje, los salmantinos vamos a ver Aveiro, Oporto y Figueira más lejos de nuestros bolsillos.
Lo que más sorprende de todo esto es la inexistente intermediación de instituciones cuyo fin es asegurar el libre comercio entre países y facilitar la circulación de personas. Las declaraciones de intenciones de la Unión Europea están muy bien, pero al transportista salmantino que acude a Portugal a vender productos cárnicos, por ejemplo, a partir de ahora le van a poner otra china en el zapato. Salamanca va a empezar a estar más lejos de Portugal por culpa de un peaje.