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La conclusión más importante que he podido sacar es que hay que animar a los estudiantes a que se informen y participen de decisiones que les afectan mucho, porque siempre que los estudiantes se han quejado en masa de algo ya era demasiado tarde.
En mi época fuimos capaces de reflotar en muchos aspectos la participación, que era baja y lo sigue siendo, y conseguimos unos resultados históricos para nuestra asociación, lo que se tradujo en un buen trabajo en Claustro, Consejo de Gobierno, Comisiones, etc., pese a no ganar nada con lo que hacíamos; sólo la satisfacción de estar mejorando la Universidad con nuestro granito de arena.
A otras asociaciones les movían otros motivos; la ideología, el poder por el poder, o hacer sombra a los que habíamos ganado democráticamente. Quizá por eso no nos llevábamos tan bien. Era una pena estar pared con pared en el despacho y que algún miembro de asociación vecina te negara el saludo sólo por no pensar como él. Luego iban pregonando la tolerancia a los cuatro vientos, claro.
En su momento colaboramos en la adaptación de los planes de estudio a los nuevos grados (plan de Bolonia) que tantos problemas nos trajeron y tantas horas de clase nos hizo perder. También evaluábamos la calidad de los servicios universitarios y presentábamos alegaciones al calendario académico y a los horarios de las bibliotecas, que eran los temas más polémicos para los estudiantes. Por supuesto que no perdíamos ocasión de realizar los ruegos pertinentes para transmitir reclamaciones estudiantiles básicas; por poner un ejemplo, yo varias veces reclamé un acceso a la biblioteca Francisco de Vitoria desde la Facultad de Derecho, para que los estudiantes no tuviéramos que dar toda la vuelta y subir y bajar escaleras a lo tonto.
Fue una buena etapa, una generación excepcional que quizá haya cerrado un ciclo y haya abierto otro por las cosas de la edad. Yo empecé a participar cuando la asociación que todos conocéis estaba en proceso de recuperación de un presidente anterior que la había dejado en mal lugar, pero eso no viene al caso. Años después obtuvimos más del doble de representantes que en la anterior etapa y celebramos por todo lo alto los 25 años de la asociación más antigua de la Universidad.
Ahora parece ser que ha ganado las elecciones al Claustro una asociación que dice que los órganos donde han sido elegidos no les representan. Una paradoja; pero algunos están contentos porque han ganado los de izquierdas. Mal futuro nos espera si sólo un 4% de estudiantes ha votado y encima lo importante es que los órganos estén dominados por una ideología. Qué tiempos aquellos donde lo más importante eran las reivindicaciones de los estudiantes y el futuro de la Universidad… Que Dios nos pille confesados.
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